Will Rodríguez: La húmeda reencarnación de los recuerdos

miércoles, enero 28, 2026

La húmeda reencarnación de los recuerdos

 


En un luminoso estudio ambientado con reliquias familiares, la mujer hilvana pensamientos sobre telas exquisitas. Hilo y aguja son el puente entre sus recuerdos y las imágenes texturizadas, escenas de una vida por demás interesante, a veces feliz, a veces trágica, pero eso sí, cubierta siempre de belleza. Pero el universo creativo de Elena Martínez Bolio no sólo registra lo vivido, lo soñado, lo que proyecta hacia el futuro, sino que analiza la esencia humana, sus avatares, recovecos y fantasmas, y la interpreta más allá del bordado con pinturas, esculturas, instalaciones, pasarelas de arte textil y literatura.

En este último rubro salen a la luz los dos tomos del libro Ahí viene la lluvia/Je’el ku tal le cháko’ (Capulín Editorial, 2025), un anecdotario organizado en cuatro capítulos: La raíz se parece al viento, Memorias de lo mínimo, Las formas del cuidado sin nombre y La ausencia como forma de presencia, cada uno con múltiples y breves relatos que desvelan la sensibilidad de la autora, su manera de reinventarse a diario y sobrellevar el inevitable ciclo de vida y muerte. La temática, en conjunto, es tan diversa como emocionante. El interés del lector ante tales anécdotas está siempre al tope, al grado de desear que la lectura no se acabe. 

La percepción ante este libro es cinematográfica (cine de arte, por supuesto). Los seres 一humanos, perrunos, gatunos y lagomorfos一 que lo habitan son entrañables. En las narraciones intervienen reflexiones matizadas en otro color de tinta, atinado criterio editorial para trasladarnos a los flashbacks del pensamiento. Y, a propósito del trabajo editorial en Ahí viene la lluvia, destaca el agradable diseño de cubiertas e interiores que, al igual que las anteriores publicaciones de Elena, lo colocan en el espectro del arte-objeto autobiográfico; una obra de colección numerada a mano de la que solamente se imprimieron 200 ejemplares.

Elena es una artista en toda la extensión de la palabra. Siempre está tramando nuevos proyectos y lenguajes artísticos. Quienes la conocemos de cerca identificamos muchos de los relatos seleccionados en este libro, ya sea porque los publicó anteriormente en sus redes sociales, porque nos los ha contado directamente o incluso porque se trata de experiencias que vivimos juntos. Tal es el caso de aquella visita a Chumayel, donde experimentamos la impresionante celebración anual de Dzan Cebolla, en honor al Cristo de la Transfiguración. Ahí pude apreciar su emoción al participar en el proceso de rebanado de miles de cebollas, su alegría al bailar con la gente del pueblo y el disfrute del más delicioso frijol con puerco a la leña. Días después regresamos para incorporarnos a la recolección de cabezas de cochino y a la festiva procesión final del Santo Patrono. Vivencias imborrables, místicas y generadoras de arte, las cuales ella reinterpretó con sus manos creativas: “Mi investigación se volvió palabra, sabor y tejido. Meses después, dio a luz a tres huipiles: uno con cebollas en remojo, otro con cebollas cortadas, y el último con gajos abiertos como flores de aroma acre”.

La crónica es un género entre literario y periodístico con el que Elena se expresa con soltura en la mayoría de sus relatos. A través de ellos percibimos el aroma, las emociones y el dolor de su alma rebelde. En Recuerdos propios nos cuenta a detalle la terrible pérdida de su hermano Kiko, en aquel accidente devenido del primer secuestro de un aeromotor en México. Fue un acontecimiento que impactó a la sociedad yucateca y que, por extrañas e injustas razones, quedó impune, aunque jamás olvidado por ella y sus seres queridos. “Nunca volvimos a ser los mismos. Aprendí entonces lo que realmente significaba la palabra muerte”.

La cultura maya es constante y sonante a cada vuelta de página. Es una raíz bien arraigada en gran parte de la obra y personalidad de Elena Martínez Bolio. Pueblos, palabras, rostros y platillos del Mayab enriquecen el anecdotario como los ingredientes y recados que dan sabor a la cocina yucateca. Chelem, Xocén, Maní…, son lugares donde el tiempo avanza y retrocede. 

En este compendio de vivencias que integran el libro también aparecen e impactan las nuevas historias, los cuentos y personajes de los que no teníamos conocimiento. Ser una persona madura no es sinónimo de vivir demasiado. La vida de Elena siempre ha sido extraordinaria en las buenas y en las malas. Me atrevo a afirmar que nunca ha sido regular, y por ello este libro en dos tomos es sumamente breve en comparación con todo lo que podría contener. Entiendo lo difícil que fue seleccionar los temas, acontecimientos y reflexiones susceptibles de ajustarse a un producto editorial. Sin embargo, su lectura tiene la virtud de revelarnos lo que nuestra bordadora piensa mientras costura, en ese ritmo apacible con el que hilo y aguja trazan el infinito.

Ahí viene la lluvia es un álbum de recuerdos, testimonio de una época, autobiografía de una artista. Es, al mismo tiempo, un homenaje a José, Ernilda, Kiko, Fer, Alex, Mario, Guapo, Cacho, Beatriz, el Maestro Vera y muchos otros seres que vivirán por siempre en él, eternizando su presencia en la memoria. Muchas felicidades, amiga, por este nuevo libro que sin duda tocará los corazones de propios y extraños.